El pasado domingo 9 de mayo, visitamos el Hospital del Tórax en Terrassa. Acojonante.
Os dejo esta página web: http://www.mundoparapsicologico.com/130-A_Lugares-misteriosos-El-Hospital-del-Torax-de-Terrasa
Dicen que el bosque tiene un equilibrio de sonidos y silencios... En él, se concentra lo que nos atemoriza y nos atrae...
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Os explicaré mi historia casi terminada en un lugar el cual jamás quiero volver a pisar. Es un lugar donde tienen la envidia por bandera, donde se persiguen las miradas de complicidad, donde es delito sonreír, donde la locura preside el ambiente, donde la palabra juventud es sinónimo de persecución, carne de cañón y amenaza, donde el verbo comprar está a la orden del día, donde el trabajo bien hecho nunca es reconocido, donde el miedo y la amargura dominan el entorno, donde la gente no se junta a otra gente para no ser relacionada, donde el silencio y la tensión reina en las comidas, donde se envejece a pasos agigantados, donde el Sol es un lastre, donde las conciencias tranquilas siguen dormidas, donde la empatía camina sola..jpeg)

Ayer, cuando volvía en moto a casa vi a una muchacha mirando al cielo, estática, rígida en medio de la calle. En su mano derecha agarraba fuertemente el tallo repleto de espinas de una preciosa rosa, la sangre salpicaba la acera. De pronto un hombre corrió hacia la chica, se detuvo frente a ella, la observó y sin tocarla se agachó, acercando su boca al goteo de sangre. Bebía rojo. A lo lejos el sonido de sirenas era incesante, un bloque de pisos ardía sin parar, la gente corría desesperada huyendo del dragón, que seguía escupiendo fuego por la boca. ¡San Jordi ven! ¡Ven San Jordi! - todos gritaban -. De repente apareció el gran y poderoso caballero pero el dragón sin darse cuenta lo pisó. La muchacha pues, recuperó el gesto, dejó de mirar al cielo, observó fijamente la rosa que portaba, abrió su mano lentamente y sonriente se marchó.
Me subí en el coche. Coloqué el navegador en el salpicadero. Escribí la palabra clave. Buscando, buscando… - Destino encontrado. - Faltan 237 km para llegar a su destino. Encendí motores y fielmente me dejé guiar. - Gire a la derecha, a 300 metros continúe recto… Seguí conduciendo. Transcurridas 3 horas la máquina volvió a hablar.- A 100 metros, ha llegado a su destino. La puerta de una cafetería, en su interior, una chica tomando café. La observé desde el coche, solamente la observé. Está bien, pensé. Ignoraba su nombre, jamás conversé con ella, únicamente sabía que el navegador, cada día, me la indicaba más cerca. Pasaron unos minutos, arranqué el coche, di la vuelta y sonriente regresé a casa.
He cambiado las sabanas, bajeras y colchas mil veces, pero mi puta cama sigue almacenando tu olor y tu forma. Cada noche, con su dosificador de mierda, suelta un poquito de ti, cada puta noche. Yo, machacado, ventilo la habitación todos los días desde que te marchaste, e intento superarte, pero llegan las doce y ahí está ella, a cuatro patas, acechándome blanca e inmóvil.













He venido de un bosque lejano, 
He estado con mujeres hinchables que son como muñequitas en celo, he tratado con mujeres inestables que son una continua lucha de gigantes, con mujeres cobardes que resultan ser húmedos manantiales, mujeres aparentemente sociables que se destapan cuales escarchas invernales, he conocido a mujeres grandes que son hombres con pañales, he besado a hombres que son mujeres barbudas adorables, me he aburrido con mujeres probables, he bailado con mujeres miserables agarrándome en sus arenas movedizas modelables, he filosofado con mujeres recargables compartiendo horas y horas en sillones confortables, he deformado con barro en sueños a mujeres entrañables, he atado a mujeres indomables en patas cojas de camas maleables, he comido con mujeres tan responsables que son como padres, he dicho no a mujeres siderales, he visitado a mujeres mortales en sus ciudades frías con chubasqueros, piel , huesos y corazón permeables, he divinizado a mujeres navegables sin apenas mojarme, he tenido amigas inviables por ser demasiado comportables...
Os contaré la historia de un buen hombre que el día que salió de la cárcel después de pasarse 27 años preso por un crimen que no había cometido le atropelló un taxi. No murió, pero quedó gravemente herido, después de 1 año logró recuperarse. Para celebrarlo se emborrachó tranquilamente pese a que los médicos le aconsejaran lo contrario, era invierno y el tipo apenas iba abrigado, entre la tontera, el colocón y el intenso frío se constipó; combinó el hipo con un estornudo inesperado enorme con tan mala suerte que se fracturó una costilla; hacía horas que le habían dado el alta pero volvía a ser ingresado acabando días más tarde envuelto en un corsé apenas sin poder moverse. Al salir del hospital, mirando a semáforos y muy bien abrigado, muy cauto él, se encontró con un amigo al que todo el mundo llamaba el “Filosus”. Su amigo era un filósofo de la calle, de experiencias cotidianas.