martes 14 de febrero de 2012

CLXXII El hombre del Violonchelo.


Se conocieron en el metro detrás de un violonchelo, él le observaba resguardado entre las cuerdas, ella cautivada por la grandiosidad de su instrumento se dejó dejar una nota antes de que él abandonara el vagón en la cual una gran clave de Sol inauguraba el nombre de Santiago y un teléfono. Pasadas unas horas no pudo evitarlo y lo llamó, quedaron en un hotel a las afueras de la ciudad. Él la esperaba en la 504 con la luz apagada, en cuanto ella abrió la puerta las cuerdas empezaron a vibrar, ella, prendida, guiada por la dulce música se acercó lentamente, se detuvo ante él y sin tocar nada y sin decir nada se sentó en el suelo alfombrado. Pasaba el tiempo, los compases, ella disfrutaba con ojos cerrados, movía su cabeza al ritmo, de repente una mano la acarició, ella se dejo llevar, paró la música y se empezaron a besar, hicieron el amor toda la noche. A la mañana siguiente, con la luz del alba, ella se levantó pero ya ni su instrumento ni él se hallaban. A ella no le importó. Se duchó y se vistió mientras tarareaba su melodía, risueña, contenta, feliz, alucinada dejó la habitación. Pasó el día, la tarde y por la noche de nuevo lo llamó, quedaron; ni una palabra, misma oscuridad, misma habitación, mismo hotel, semejante situación. Volvió a tocarle, volvió a morderle su larga música y al amanecer de nuevo la luz, la música sin su instrumento; sin él. Pero la felicidad podía con ello y con más y enamorada dejó de nuevo la habitación.
Ella quería ver a su hombre, tocar las cuerdas de su violonchelo, evocarle todo su amor con toda luminosidad. Volvió a llamarlo, entro a la 504, empezó a sonar la música, ella se acercó lentamente al interruptor y encendió todas las lámparas. De repente un hombre con calzoncillos anchos y roídos de flores, espatarrado en la cama, junto a él una mini cadena vieja y en su interior un casete de los de antes sonando, en play, dando vueltas y vueltas. Ni rastro del violonchelo, ni rastro del galán. Ella no se lo podía creer y cuando el farsante ya huía ella volvió a apagar la luz, le detuvo suavemente y le empezó a besar, él; incrédulo al principio, al final se dejó llevar, esta vez la música no dejó de sonar, hicieron el amor de manera apasionada. A la mañana siguiente él se levantó temprano, como siempre, para escapar, pero esta vez ella se le había adelantado, ya se había marchado y con ella aquel viejo pero fantástico casete, esa increíble melodía de violonchelo, ese gran espectáculo metido en cinta, ese gran placer.
El hombre jamás de ella volvió a saber.

jueves 3 de noviembre de 2011

CLXXI Ambulancias teledirigidas.

Me acababan de llamar del concesionario. Mi familia andaba preocupada… ¡Ten Cuidado!, ¡ten mucho cuidado!. ¡Qué sí!, ¡qué sí! - respondí. Salí de casa y me dirigí al concesionario. Llegué. La moto me esperaba, relucía. Estreche la mano al jefe. Ya era mía. Me subí, giré la llave y aquello empezó a rugir y rugir.
Llegaba a la calle Aragón cuando de repente una sirena lejana me puso en alerta, se acercaba una ambulancia. Cuando ya estaba a punto de llegar a mi altura me aparté para que pasara pero de repente apagó la sirena y bajó la marcha. Los coches y motos ocuparon de nuevo su lugar. Continué mi camino. Yo seguía alucinado con mi moto cuando de repente un pito, un giro brusco, un frenazo… un silencio… una caída. Aunque fue levemente, resbalé, me caí, no me hice nada. Al segundo escuché un sonido ensordecedor, era la sirena de la ambulancia, la cual había permanecido detrás de mí durante todo el camino, se detuvo a mi lado, se abrieron las puertas con ímpetu y escuche:
- ¡Te lo dije!, ¿Lo ves?, ¡ya te lo dije!
Increíble, el que bajaba de aquella ambulancia gritando era mi padre indignadísimo.

domingo 31 de julio de 2011

CLXX !De ruta por MÉXICO y GUATEMALA!





!!Ándale!!

!!Nos vemos a la vuelta!!

lunes 6 de junio de 2011

CLXIX Alicantes...


...A falta de un mes para vuestra marcha definitiva ya os echo un poquillo de menos...

miércoles 25 de mayo de 2011

lunes 23 de mayo de 2011

CLXVII Dos vientos.


Sentí tu viento en mi oído,
ese aire en movimiento,
esa brisa, ese rocío…

De repente caímos,
tú explotaste en la caída,
yo salpiqué el camino.

lunes 9 de mayo de 2011

CLXVI Miradas extranjeras.

Hace algún tiempo Londres me visitó, allí sentí como, en cada mirada, me alejaba poquito a poco de la raza humana global.


Una mirada extranjera es lejana, inexpresiva, extraña y austera,
una mirada extranjera te hace invisible y te aleja,
una mirada extranjera es egoísta, impasible y pasajera,
es impenetrable, moribunda y forastera.

sábado 7 de mayo de 2011

CLXV Va y viene, viene y va...


Me he dado cuenta de algo importante, todo, absolutamente todo, viene y va.
Van y vienen las modas, los yoyós, los tutús, las norias, las correas de perro y las de hurón. Viene y va la hierba en los rumiantes, la lluvia y las nieves, las nubes y soles, las lunas llenas y los hombres lobo y los que se depilan, va y viene el bello en las axilas, en las piernas y en la barriga, viene y va el feo que se mima porque la otra le mira, va y viene la sonrisa que ni come, ni deja comer, pero hipnotiza. Se van los metrosexuales, vienen los metros y trenes y las plagas de mosquitos y camiones de granadas, de naranjas y de plátanos y de torrijas en semana santa. Vienen y van los aplausos y abucheos, los amores y solteros, vienen y van los ronquidos y los sueños, el sonido en los morteros, y los moteros con sus motores, los motores del silencio. Vienen y van los ascensores, las grúas, los cohetes y los senos. Van y vienen los acordes, los acuerdos, algunos vienen cuerdos, otros llegan locos y se van esquizofrénicos. Vienen y van los meacolonia, los pan sin sal, los heidis y los Pedros de Penélope y las películas de los muerdos. Vienen y van los péndulos, los botafumeiros, los columpios y los rubios pasan a ser morenos. Van y vienen las cigüeñas y sus mochuelos, los pecados y consuelos, las confesiones y los miedos. Van y vienen las persianas, las ventanas, las olas, los holas y las mareas, las anclas y submarinos, van y vienen los torpedos. Van y vienen las gomas de tirachinas y tirabuzones, de arcos y ballestas y las gomas de caras sin careta del momento.
Todo, absolutamente viene y va, va y viene; jamás se detiene.

miércoles 27 de abril de 2011

CLXIV eMe.


Te compro por tu fiabilidad y tu diseño. Tu motor a veces diesel, a veces gasolina hace que tu conducción sea realmente agradecida. Te elijo por tu tapizado precioso, por todos tus acabados minimalistas y detallados, por tu cantidad de accesorios, por tu cierre no centralizado e independiente, por tu mínimo consumo. Por todos tus suaves caballos y minotauros. Me fascina tu rendimiento en viajes largos, tu tracción a las cuatro ruedas, tu suspensión en los baches, tu agarre en las curvas. Arrancas fácilmente, difícilmente te calas, me encanta tu alegría en marchas cortas y tu dulzura en las largas. Tu increíble trasero dibuja un maletero sin fondo precioso, sano, leal, legal, único en el que cabe de todo. Tus luces halógenas alumbran todo mi camino. Tus parabrisas automáticos desgastan la lluvia y tornan días grises en soleados. Me encanta tu emisora, tu sonido en estéreo, todo tu hilo musical. Pero sobretodo; me quedo contigo por tu matrícula, me quedo con toda tu eme en mayúscula, con tus cuatro vocales y con tu erre perdida. Eres lo que yo buscaba, eres lo que yo deseaba, eres lo que yo quería.

lunes 21 de marzo de 2011

CLXIII Regla.


Sí, se puede decir que era una mujer fresquita y saltarina, le encantaban muchos hombres a la vez, odiaba el compromiso y amaba la libertad y las margaritas. La mujer siempre tomaba precauciones, era una gran maniática de los "antibabys". Se tomaba pastillas anticonceptivas y pócimas si hacía falta, usaba preservativos y postservativos también. Todo, todo, todo, para no quedarse embarazada jamás. Ella siempre había dicho que si por error se quedara en estado sería su perdición.
Como siempre, cada 28 días clavados, la mujer se encontraba algo hinchada, estaba más arisca y susceptible de lo normal, síntomas inequívocos de que en breve le bajaría la regla. Se metió en el baño. De repente todo el vecindario escuchó el grito, acababa de dar a luz a Regla, un precioso ser, con manos de regla numérica, piernas de escuadra, y cara de cartabón.

!Qué lo disfrutes mujer!. !Todo tuyo!. !Muchas felicidades!

CLXII Amores express.


Entraste, me saludaste, me sonreíste, me miraste, me buscaste, me engañaste, me arañaste, me acariciaste, me arropaste, me levantaste, me evitaste, me despediste. TE MARCHASTE.

lunes 24 de enero de 2011

CLXI Esencia de papel.


El hombre apila sus libros. La mujer salta nerviosa alrededor del fuego. Trata de leer la obra antes de que desaparezca.
Ve una página aquí, una línea allá.
Quedan cenizas que no se pueden leer, y el hombre pasa a ser un misterio.


Con todo lo que tú no sabes, se podría escribir un libro...

lunes 17 de enero de 2011

CLX Viajes con retorno.


Volviendo de la playa, en mitad de un camino polvoriento, hemos visto una silueta animal estampada en la tierra.

¡Para!, le he dicho yo a ella. ¡Ay no! ¡Vamos!, me ha respondido.

Como ella no quería volver atrás y observar la realidad de cara, me he bajado del coche y he desandado 20 metros inmerso en el polvo que nosotros mismos habíamos generado a nuestro paso.

De camino pensaba en si sería un erizo, un pájaro, un gato, o un conejo lo que habíamos visto de pasada, allí chafado, impreso en el camino.

Cuatro de la tarde y un sol aleccionador, he llegado al cadáver. Y pese a no tener ojos, ni carne, aparentemente ni huesos (las últimas hormigas se alejaban con la última parte del botín), el pelo del conejo, sorprendentemente, parecía intacto. Me han dado ganas de acariciarlo, pero no lo he hecho. Eternamente pensaré que ha sido una lástima, el no haberme atrevido.

He observado la escena con detenimiento, durante un par de minutos. Todavía se oían, al fondo, las olas ronronear, la música del restaurante chill-out de turno y alguna risa de alguien que se bañaba.

He vuelto a recorrer los 20 metros que me separaban del coche. Y al entrar la he mirado a la cara. Me ha preguntado, ligeramente indignada, que cómo podía ser que me gustaran este tipo de cosas. Y le he dicho No, no me gustan...

Pero acaso tú, si algún día me vieras chafado en el asfalto, sin ojos, sin carne y sin vida,
acaso tú no te pararías para abrazarme, para tocarme, acariciarme la cara vacía, para mirarme, por última vez?

viernes 14 de enero de 2011

CLIX El Hombre de Musgo.


Sonó el despertador de mi casa de tres pisos. Me fui desperezando y abrí las persianas con mi mando a distancia. Yo era un chico soltero y rico, gay y metrosexual, acostumbraba a comer en los restaurantes más modernos y caros de la ciudad, era un gran empresario, me encantaba la moda y la depilación integral.
Me puse mi batita, bajé por la escalera de caracol y me acerqué al aseo, pulsé el botón de las burbujas y me metí en mi jacuzzi con vistas a las montañas asturianas. Durante el relajado baño de sales no dejaba de pensar en que por fin hoy, estrenaría esa crema exclusiva para el rostro que tanto me había costado conseguir. Salí del jacuzzi, me sequé suavemente, me puse en frente del espejo, abrí el envase y me aplique un poquito en la cara. La reacción en mi piel fue inmediata, empecé a notar un frescor muy especial, notaba como todos mis poros se abrían, pero… empecé a notar algo raro, de repente me empezó a crecer hierba en el interior de la boca, casi no podía respirar; mientras, todos mis brazos se llenaban de musgo. Apenas veía, pues el musgo que me envolvía la cara había crecido demasiado regado por el agua de mis lágrimas. Los caracoles y gusanos rápidamente encontraron cobijo y alimento sobre mi espalda. Aullé de dolor y corrí, corrí, corrí lejos, huí rápido; no quería que nadie me viera así.
Vivía en un pequeño pueblo montañoso rodeado de extensos prados verdes donde pastaban las cabras, pastaban las vacas lecheras y pastaba yo las horas… estirado, refugiado, escondido, verde con verde me sentía seguro. Lloré mares, me costó mucho acostumbrarme a vivir de esa manera cual verde ermitaño, pero al final lo conseguí, me adapté a vivir en el campo, aprendí a cazar, me acostumbre a comer de todo, aprendí a utilizar la lengua buscando hormigas en hormigueros, degusté insectos varios, ciempiés, cucarachas... Más tarde, me empezó a gustar también la carne cruda. Empecé a compartir la carne fresca de ovejas muertas con los buitres de la zona…
Sin darme cuenta había cambiado las cremas por el abono; sí; por rebozarme en la mierda.
Se acercaba la navidad… me levanté de la choza, como cada día, helado de frío, miré al frente y vi como dos hombres se acercaban… tembloroso me tumbé boca abajo y me quedé inmóvil, no quería que me descubrieran, escuché como hablaban entre ellos… estaban buscando musgo para poner en los belenes, de repente alguien me tocó, alguien me estiró, sentí tanto dolor que no pude aguantar y me levanté del suelo como un rayo. Los dos hombres, al verme, empezaron a gritar; yo, rápidamente y sin pensar cogí una de las cornamentas del último ciervo que había zampado la noche anterior y se la clavé a uno de ellos. El otro huyó, salió corriendo, le perseguí a cuatro patas por el prado hasta que le alcancé y le mordí en el cuello. Escondí los cuerpos y me pasé unos segundos llorando, había matado a dos personas… a los cinco minutos ya me estaba comiendo sus cadáveres.
Me había convertido en un ser despiadado, en un asesino. Lo peor de todo es que había probado la carne humana y me había encantado, me había parecido tan jugosa…
La desaparición de los dos hombres juntamente con las quejas continuas de pastores y vaqueros denunciando el robo de algunas de sus reses sembró el nerviosismo en la población. Diferentes testigos afirmaban haber visto a un ser verde correr por los bosques, afirmaban que parecía algo recubierto como de musgo.
Desde aquel momento el pueblo entero se llenó de carteles: “Recompensa; 1.000.000 de euros quien traiga la cabeza de “el Hombre de Musgo”. Yo, ajeno a todo lo que acontecía fuera seguía aplicando los huesecillos de una de las últimas ovejas del rebaño y porque no decirlo; anteriormente también me había comido al pastor, a la mujer del pastor y a los perros. Cada vez tenía más hambre y menos cabeza. Cuanto más comía más hambre tenía.
La población estaba atemorizada. Organizaron redadas para encontrarme, día y noche. Todos los días del año durante meses y meses.

Finalmente el Hombre de Musgo fue hallado, juzgado y encerrado en una jaula de osos panda, atado con cuerdas, fue encontrado muerto, devorado, junto a unas cañas de bambú.

Esta es la última instantánea que se conserva de este ser; de este al que todos llamaron en su día: “El Temible Hombre de Musgo”.

viernes 26 de noviembre de 2010

CLVIII Aventuras mil.

Pamplona era una fiesta, volvíamos de ver el encierro. Las manzanas, todas iguales, nos despistaron, suerte que mi amigo recordaba la calle donde habíamos dejado aparcado el coche.
- Mira, ahí viene un señor, ¡esperad que le pregunto!
- Disculpe señor... ¿la calle Kalea?
...
... ...
... ... ... (mmm... jajaja)

domingo 14 de noviembre de 2010

CLVII !Manda cebollas!


La última vez mientras pelaba cebollas mi amigo me contó una historia tan triste que me puse a llorar. Desde aquel día, cada vez que pelo cebollas me acuerdo de aquello que me contó mi amigo y me pongo tan triste que siempre me echo a llorar.

jueves 11 de noviembre de 2010

CLVI Lo peor del querer cuando comienza...


Lo peor del querer cuando comienza
son los veleros en la bañera,
las tuberías atascadas,
el chirriar de unos dientes,
la barita de las hadas.

Son los choques de la espuma,
las camisas floreadas,
los defectos en suspense,
las ballenas delgadas.

Lo peor del querer cuando comienza
son los cajones de recuerdos
eres tú, soy yo; uno de cada,
los espejismos y los muertos
los finales con espada.

Lo peor del querer cuando comienza
son las mariposas estrelladas,
los “nos mojamos aunque llueva”,
el polen en la mirada.

Lo peor del querer cuando comienza
es la prisa del que ama,
las costumbres de la almohada,
planear lo planeado
llevar a cabo; la nada.

Lo peor del querer cuando comienza
es cuando acaba.

CLV El besador.


Cuanto más lento besaba más le duraban los amores y al final peor lo pasaba. Decidió pues optar por besar más rápido y abrir bien los ojos al besar para ver a quien besaba, se convirtió en un besador de multitudes. Él decidía cuanto, cuando y como besar, él marcaba el tiempo del beso y lo separaba del corazón. Raras veces se dejaba besar, raras veces se relajaba besando. Ofrecía besos sin color, besos mecánicos, besos cuadrados, besos con horarios, besos sin sabor, besos caducos, ofrecía besos sin amor. Solamente saliva con-(tra) saliva, besos vacíos, nada más que eso. De repente se levantó una mañana y se miró al espejo, tenía los labios arrugados, arpados y secos, no le dio importancia. Aquel día había quedado con 2 chicas para besarse; con la primera en un banco a las 6 de la tarde, con la segunda en una plaza a las 10. Llegó tarde a casa y se fue a dormir. Al día siguiente se despertó, fue a lavarse los dientes y al enjuagarse la boca se miró en el espejo. Su cara agujereada ya solo era un avispero donde salían y entraban largos y punzantes aguijones de tristeza y soledad.

CLIV Experiencia amazónica.

Arañas peludas, te suben orugas, te ladran las pulgas, de perros y plumas. Te comen hormigas, te comes las migas, que fuerte, ¡te miran!, ¡se ríen y gritan! Se ríen caballos y los guacamayos, también los tucanes que van de especiales. Resbalas en charcos que son como barcos, te metes en fosas plagadas de rocas. Te llenas de heridas, no encuentras guarida, tampoco salida, te agobias y olvidas, te hartas, ¡qué vida! Deseas un lecho, dormir bien derecho, un colchón bien hecho y llega ese día… por favor, ¡qué alegría!
Experiencia vivida, en la Amazonía.

martes 26 de octubre de 2010

domingo 24 de octubre de 2010

CLII Suerte.


Lo abandonaron a su suerte y se marcharon.
La suerte es algo infantil, se balancea con ojos cerrados.

jueves 21 de octubre de 2010

CLI Historias de mineros.


Después de 69 días atrapados en las profundidades de la tierra los 33 mineros ven la luz del Sol. Al subir en la cápsula el último de los rescatados se escucha una voz que dice:
- ¡Supongo que lo habrás dejado todo bien limpio y ordenado allá abajo!

sábado 9 de octubre de 2010

CL Socorrista.

Buscando en las catacumbas de mis cajones han aparecido estas líneas que escribí en mis tiempos como socorrista en playas…
Corría el año 2003, el 24 de Julio del 2003 y dorándome al Sol desde la torre de vigilancia escribía cosas como ésta…
Mira al horizonte niña y dime que ves. La unión de cielo y tierra, que bella es, mi vista se pierde en él.
Gaviotas volando, en la orilla niños jugando, yo por supuesto en la puta torre vigilando, ¿el qué? no lo sé, lo más importante, mirando e imagen dando.
Línea horizontal de magia total, ¿qué secreto escondes cual mi mirada no puede alcanzar? ¿Incógnita de mentira, incógnita de verdad…? En realidad, a mí que más me da, solo soy un socorrista que aquí tiene que estar, sino como coño voy a cobrar mi sueldo mensual. Lo del horizonte, pfff… quien lo quiera averiguar: BARCO Y AL MAR.

martes 28 de septiembre de 2010

CXLIX Enfermedades incurables.


Cristian vivía en Barcelona, era martes, el día de su cumpleaños. Estaba deseando que llegara el fin de semana para bajar a Murcia, ver a su novia y celebrarlo. Lo suyo era una relación de amor a distancia. Ya era viernes noche, Cristian bajó del autobús muy ilusionado, allí le esperaba ansiosamente Lorena, su novia. Dejaron las maletas en el recibidor y Lorena corrió hacia su habitación a coger el regalo, Cristian esperaba sentado en el salón, al verla aparecer sonrió y lentamente desenvolvió el vistoso papel de regalo. Lorena observaba la cara de su novio.
- ¡Una colonia! – exclamó muy contento Cristian.
Lorena le echó un poquito en su brazo, a él le encantó. Entonces le perfumó otro poquito en el cuello, se miraron e hicieron el amor.
El fin de semana fue intenso, bonito, amoroso. No se separaron ni un minuto, lo hicieron todo juntos pero amaneció el domingo, llegó el amargo día de separarse. Los lloros de despedida eran intensos, demasiado intensos… Cristian subió al autobús, transcurrida una hora de camino le sonó el móvil, era Lorena. Él, entregado, con voz dulce contestó. La voz de Lorena era distinta y distante. No dijo ni Hola y le preguntó:
- ¿Donde está la colonia?
- En mi maleta, mi amor… ¿pero qué pasa?
- ¡Pero qué haces, pero que te crees!, ¡¿Por qué te la has llevado?!
- Pero cariño, ¿no me la has regalado?
- ¡Sí, pero no quiero que nadie te la huela!, ¡no quiero que te la pongas con nadie que no sea yo!
Seguidamente, sin decir nada más, fuertemente COLGÓ.

domingo 26 de septiembre de 2010

CXLVIII Como el peligro de vivir de nuevo...


Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.


Leopoldo María Panero

sábado 25 de septiembre de 2010

CXLVII Los mundos de Mar.


La historia de Mar comienza y acaba el mismo día en el que después de toda una vida decide dejar la profesión de prostituta y monta una pollería, se hace pollera. Es tan buena conocedora de pollos, polletes, polluelos, pollitos… tanto machos como hembras, que triunfa en su negocio. Consciente de su exitazo, decide abrirse en busca de nuevos y más grandes horizontes. Monta entonces otra pollería. Todo el mundo la llama la chica de los huevos de oro, nunca se equivoca, siempre te vende lo mejor. Decide pues avisar a una amiga, también prostituta, para que sea la jefa y dependienta del nuevo establecimiento; otra gran entendida, otra gran pollera. El negocio se sale, la gente no cabe, las mujeres no caben, están encantadas, se agolpan en las puertas, las colas rodean las manzanas. Mar, visto lo visto, opta por abrir otras 5 pollerías más, con 5 polleras nuevas, también ex prostitutas. Las tiendas no dan a basto. El negocio se expande. Mar inaugura otras 50, más tarde 100 pollerías más; todo llevado siempre por amigas suyas, grandes entendedoras, grandes entendidas, grandes polleras. Los pollos y en femenino inundan ya toda la península, hay más pollerías que bares. Cuentan que en Sitges y Torremolinos no hay otra cosa. Mar, que no sabe idiomas, aunque sí de lenguas, decide volver a abrirse, más si cabe y monta un par de pollerías en Francia y otras 2 en Italia, todas triunfan. Llena Europa y Estados Unidos y el mundo entero de pollerías y polleras. La prostitución entra en descenso, en crisis profunda. No quedan prostitutas, no hay oferta para tanta demanda, se rompen un sin fín de parejas y matrimonios, muchos hombres se suicidan, crece inmensamente el índice de mujeres solteras y divorciadas, disminuye el índice de casamientos, la iglesia entra en quiebra. Los hombres deciden hacerse gays y les gusta, muere el prototipo de macho ibérico español. Todo cambia, el mundo cambia. Todo se vuelve de color de rosa. Los hombres se quedan en casa atemorizados, las calles se llenan de mujeres solteras, divorciadas, despechadas y de parejas, tríos, cuartetos, quintetos de gays y lesbianas.
Este es el mundo futuro, el mundo que nos espera, así será el fin del mundo que predecían los mayas para el 2012, este será el mundo creado, así serán los mundos de Mar.
Disfruten mientras puedan; solo queda año y medio.

lunes 20 de septiembre de 2010

CXLVI Todo depende...

Todo depende, siempre depende; desde el punto de vista como se mire, todo depende...


Gracias Fran, gracias Àlex, gracias Jordi. Gracias a todos por este viaje.

domingo 19 de septiembre de 2010

CXLV Un día en Tulcán (Ecuador).

Mes y medio de viaje por lugares tan diferentes y lejanos como Ecuador o Perú dan mucho de sí. Dejo algunas de las historias que allí escribí en momentos muertos.
El sonido del camión de basura me despertó, poco a poco me fui desperezando. Mis tres compañeros seguían dormidos. Miré el reloj, ¡las cinco de la mañana!, !no puede ser! –me dije… ah no! La morriña me había vuelto a engañar… eran las 10 de la mañana hora local. Hoy era Sábado, día de fiesta, la semana con los niños había sido cansada. Lentamente todos se fueron levantando. Nos duchamos, nos vestimos y abrimos el portón de esa casa cedida por los familiares de la madre Rocío.
Levanté la vista, miré al frente, solo un perro pulgoso caminaba por la carretera. Subimos la empinada cuesta y empezamos a observar los comercios, tiendas pequeñas de todo tipo. Aquí en Tulcán no hay grandes centros comerciales ni supermercados. Continuamos; la gente nos mira, seguro que después de diez días aquí ya nos conocen de vista y comentan… de que planeta vendrán estos… A lo lejos una familia no deja de meter huevos de gallina en todos los recovecos de su coche, en el capó, en el maletero, parece un contrabando. De repente el Olmos se tropieza; pese a que él es muy patoso, esta vez tiene excusa pues el pavimento está lleno de desniveles y agujeros, agujeros a veces tan peligrosos y profundos que Fabián nos explica que una vez un joven chumadito (así llaman a los borrachos) cayó dentro de un hueco y se mató entero. Seguimos caminando, de repente el terreno deja de ser asfaltado, ahora son rocas y polvo lo que pisamos. Aún así tienen la decencia bromista de poner rampas con el signo del minusválido, para acceder a algunas, bien pocas por otro lado, aceras del centro de la ciudad. La orquesta en la calle es continua, los instrumentos agudos de viento de los coches ochenteros se combinan con los pitos graves gravísimos de los grandes camiones y autobuses iluminados con multitud de bombillas y luces de neón de todos los colores. Nos detenemos en una peluquería, dentro puedes cortarte las puntas o comprarte un bollo de pan, un helado o una coca cola caliente. Un poquito más adelante a través de un cristal, bastante sucio por cierto, podemos ver como una señora gorda y baja desmenuza con las manos, de las uñas mejor no hablamos, la carne del vientre y costillas de un gran cochino. Seguimos hacia delante y a nuestra izquierda, a unos treinta metros, veinte pollos subidos a una gran noria giran y giran sin parar y se doran en contacto con el fuego abanicado por un hombre oscuro y sudoroso. Los niños y los no tan niños nos miran cual gigantes mientras comen chupa chups y todo tipo de guarrerías. Uno nos sonríe… pobre… le faltan dientes y los pocos que tiene los tienen literalmente negros, aún así los padres les siguen comprando; no me cabe en la cabeza. A nuestra derecha nos llama la atención y el asco y el miedo los colmillos de una rata enorme pinchada en un palo, preguntamos que es… Quy, nos reponde; a la orden, se despide. Empieza a llover, me pongo la rebequita, pasan cinco minutos y ya hace calor de nuevo, es lo que tiene vivir en la sierra, a 3000 metros de altura. Ya es casi la hora de comer, nos damos la vuelta buscando la calle Paraguay, allí nos espera el convento, en su interior la madre Queralt, la madre Rocío y la hermana Trinidad nos esperan con misericordia. No picamos a la puerta, es hora de la oración. Abrimos con llave las puertas de Dios. La comida ya está hecha, arroz blanco, pollo y “papas”… lo de siempre vamos. Escuchamos el amén. Fin de las súplicas. ¿Cómo amanecieron? – Muy bien, chévere -responde Fran con su acento chungo chunguísimo inventado, dice que así se siente más integrado. Bendecimos la mesa y a las madres que lo han preparado. Estoy convencido que les encanta que vengamos a comer y a cenar y a todo pues damos un poco de chispa y alegría a esas vidas monótonas y solidarias dentro de esas cuatro paredes. Acabamos de comer, no nos podemos dejar ni un grano de arroz, nos despedimos y bajamos a echarnos una siesta española buena y señorial. Nos ponemos la alarma a las seis, hora local. Esta tarde toca acercarse a España y a los nuestros, vamos a las cabinas, a internet, enviamos el corazón en los mails y nos vamos a echar un partido de futbol a la sintética, seguimos invictos y nos encanta. A ver a quien nos trae hoy el Miguel como rivales. Ganamos y volvemos a casa, nos duchamos y ya son las 8:30h, toca ir a cenar al convento de nuevo. La madre Queralt es de Mataró y habla en catalán en la mesa ecuatoriana, cosa que me parece una falta de respeto ya que hay gente cenando que no sabe el idioma y no se entera. La madre Queralt me da miedo, es demasiado chapada a la antigua, demasiado seria, demasiado monja. La madre Rocío es mucho más roquera, entiende las bromas y participa de ellas, la hermana Trinidad tiene 19 años y es como una olla a presión, tengo ganas de saber cómo acabará su historia. Tengo que decir que las tres nos tratan muy bien , no nos falta de nada. Y llega la noche. Tenemos suerte. Los cielos están despejados. Desde aquí arriba se pueden tocar las estrellas. Te recuerdo. Finalmente volvemos a la habitación, nos metemos en la cama, charlamos, hasta que nuestros sueños nos gobiernan y acaban reposando a la luz de la Luna.



CXLIV Experiencia inolvidable.

Después de mes y medio de viaje las vivencias se amontonan en la mente y se guardan en las retinas.
Os dejo aquí algunas de las fotos de nuestro viaje por América del Sur, fotos de nuestro paso por la ONG dando clases a los niños ecuatorianitos, de nuestras aventuras en la Selva Amazónica, de nuestras rutas por la costa ecuatoriana y por último de nuestro Tour en Perú, por los Andes llegando al Machu Picchu. Gran experiencia.

Estuvimos 15 días dando clases y ayudando en lo que podíamos a los niños en Tulcán.







Una semana en la Selva Amazónica.













Otra semana recorriendo la costa ecuatoriana.







Y por último 10 días de Tour por Perú llegando al impresionante Machu Picchu.













PD: Tuvimos la suerte de hacer escala y poder visitar también Miami y Atlanta (EEUU).