domingo, 16 de mayo de 2010

CXXX Semáforos en ámbar.


Volvía de jugar el partido, regresaba en coche, las palomas dormían, eran las doce de la noche de un martes ya miércoles, las doce y uno, las doce y dos, las doce y tres… hasta que un semáforo en rojo de la diagonal detuvo el tiempo de cuatro patines, aquel hombre y aquella mujer se habían frenado en medio del paso de la cebra de la gran avenida, ni el desnivel del asfalto, ni el parpadeo del color verde del peatón sucumbieron al amor de ese beso cerrado. Yo, en el interior de mi coche, solo, pasmado, me quedé observándolos, invadiendo sin permiso, ese momento de dos, hasta que el motorista de mi izquierda interrumpió el trance con un vaporoso sonido de claxon. Arrancaron de nuevo los relojes, ellos, sonrientes, risueños, pidieron perdón por la interrupción del tráfico y rodando y enmanados se apartaron posándose de nuevo en la acera.

lunes, 10 de mayo de 2010

CXXIX El fin.


El día en el que el fuego apagaba el agua, observaba tranquilo, el mar envuelto en LLAMAS.

domingo, 9 de mayo de 2010

CXXVIII Eres un buen momento para morirme.


Mirar que encontré...

Amaneciendo y anocheciendo
a un mismo tiempo,
cariño, ¿no es ésta la forma
en que te gustaría vivir?
En mi cabeza hay un álbum
de fotos amarillentas
y lo voy completando con mis ojos,
con los más leves ruidos,
atrapando olores en el aire
y en cada sueño que sueño.
¿Sabes una cosa, pequeña?
La última página de mi álbum
tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio,
un disco de rock´n´roll
y calcetines de colores.
Mis ojos han sido rápidos,
te he hecho el amor con la ropa puesta
a través de una
larga pajita dorada
mientras cruzabas la calle
con el cabello ardiendo.
Pero ahora son tus pies
quienes dan mis pasos,
¡así que no te equivoques
pues me caería!
Te bebo en cada vaso de agua
que sacia mi sed,
mis palabras son claras como niños pequeños
o espesas como semen empapando cortinas,
pero hoy tengo que inventar
un nuevo idioma
para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos
y los gritos de euforia
de la gente que vive en tu cabeza.
Debes saber que a veces
soy como un entierro interminable,
siempre triste y azul
subiendo y bajando
por la misma calle.
Pero otras veces soy un río de risa
corriéndome por toda la ribera,
haciendo el amor a la mar,
una felicidad contagiosa,
un revólver de amor, nena,
y voy a disparar justo a tu corazón
¡bang bang!
¿te di?
Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte,
montaña de aguardiente
y tarde rojiza.
Eres un buen momento para morirme.

domingo, 2 de mayo de 2010

CXXVII Hotel Rejas.

Os explicaré mi historia casi terminada en un lugar el cual jamás quiero volver a pisar. Es un lugar donde tienen la envidia por bandera, donde se persiguen las miradas de complicidad, donde es delito sonreír, donde la locura preside el ambiente, donde la palabra juventud es sinónimo de persecución, carne de cañón y amenaza, donde el verbo comprar está a la orden del día, donde el trabajo bien hecho nunca es reconocido, donde el miedo y la amargura dominan el entorno, donde la gente no se junta a otra gente para no ser relacionada, donde el silencio y la tensión reina en las comidas, donde se envejece a pasos agigantados, donde el Sol es un lastre, donde las conciencias tranquilas siguen dormidas, donde la empatía camina sola.
Donde tú y yo nos conocimos a escondidas y afirmamos con la cabeza bien alta que los monstruos son ellos; no nosotros.

viernes, 30 de abril de 2010

CXXVI El recetario de Carlos.


Un chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal, un huevo y a batir. Así se hace una buena mayonesa. Sacamos la batidora, cogemos una cuchara y emplatamos en la comisura de los labios. La vergüenza ajena la dejamos de postre. Bon profit a tothom!

CXXV Ro - Ta.


Ella dice con su voz de ruiseñor “te quiero mucho: así, así, así, así, así” y extiende los brazos mucho, muchísimo.
Entonces pasa un lobo y le devora los brazos.

miércoles, 28 de abril de 2010

CXXIV Tal vez...


Vivir, tal vez seguir acompañando,
la voz, unos pasos, el frío invierno,
tu recuerdo en mi cuaderno,
Tal vez seguir llorando.

Morir, tal vez mordiendo,
una mirada, un moflete tierno,
un pasillo largo, tu gobierno.
Tal vez seguir queriendo.

Resucitar, tal vez volviendo,
una llamada, un “lo siento”.
dos orgullos, un “me arrepiento”.
Tal vez seguir muriendo.

martes, 27 de abril de 2010

CXXIII El día que aprendí a nadar.


Se enfadó tanto mi madre cuando empecé a llover y mojé las alfombras nuevas, que se inició un disgusto de lágrimas de proporciones épicas digna de los gritos de mi padre, del portazo de mi hermano, de la inundación consecuente de los pasillos y habitaciones, los gritos nerviosos de los vecinos de abajo que se enfrentaban a las cascadas; me tuve que acostumbrar a vivir en una isla, que era mi cama, y ellos en otra, que era la mesa del salón; nos tuvimos que acostumbrar a los barcos que empezaron a navegar el largo tramo de mi habitación al comedor llevando lentamente mis “losientos” a mis padres lejanos, a las tormentas que los hundieron cuando ellos me enviaron sus perdones.
Un día los faros sobre los armarios se apagaron y el tráfico naval de suplicas y disculpas quedó interrumpido.
No volví a ver a mis padres. Tuve que aprender a nadar.

sábado, 24 de abril de 2010

CXXII Otro San Jordi.

Ayer, cuando volvía en moto a casa vi a una muchacha mirando al cielo, estática, rígida en medio de la calle. En su mano derecha agarraba fuertemente el tallo repleto de espinas de una preciosa rosa, la sangre salpicaba la acera. De pronto un hombre corrió hacia la chica, se detuvo frente a ella, la observó y sin tocarla se agachó, acercando su boca al goteo de sangre. Bebía rojo. A lo lejos el sonido de sirenas era incesante, un bloque de pisos ardía sin parar, la gente corría desesperada huyendo del dragón, que seguía escupiendo fuego por la boca. ¡San Jordi ven! ¡Ven San Jordi! - todos gritaban -. De repente apareció el gran y poderoso caballero pero el dragón sin darse cuenta lo pisó. La muchacha pues, recuperó el gesto, dejó de mirar al cielo, observó fijamente la rosa que portaba, abrió su mano lentamente y sonriente se marchó.

CXXI Ayer, un año...

Todo cae por su propio beso.

lunes, 19 de abril de 2010

CXX Cariño...

-Cariño, tenemos que hablar.
Y el hombre saltó
del barco.

domingo, 18 de abril de 2010

CXIX La chica de verde.

Me subí en el coche. Coloqué el navegador en el salpicadero. Escribí la palabra clave. Buscando, buscando… - Destino encontrado. - Faltan 237 km para llegar a su destino. Encendí motores y fielmente me dejé guiar. - Gire a la derecha, a 300 metros continúe recto… Seguí conduciendo. Transcurridas 3 horas la máquina volvió a hablar.- A 100 metros, ha llegado a su destino. La puerta de una cafetería, en su interior, una chica tomando café. La observé desde el coche, solamente la observé. Está bien, pensé. Ignoraba su nombre, jamás conversé con ella, únicamente sabía que el navegador, cada día, me la indicaba más cerca. Pasaron unos minutos, arranqué el coche, di la vuelta y sonriente regresé a casa.
La palabra clave: “Esperanza”

viernes, 16 de abril de 2010

CXVIII Catre Cabrón.

He cambiado las sabanas, bajeras y colchas mil veces, pero mi puta cama sigue almacenando tu olor y tu forma. Cada noche, con su dosificador de mierda, suelta un poquito de ti, cada puta noche. Yo, machacado, ventilo la habitación todos los días desde que te marchaste, e intento superarte, pero llegan las doce y ahí está ella, a cuatro patas, acechándome blanca e inmóvil.

jueves, 15 de abril de 2010

CXVII Un amor caliente.

No necesitaban nada más. No tenían nada más. Solo él y ella. Ella y él. La llama del amor se encendió. La mujer salió corriendo de la habitación, corrió hacia el baño, encendió el agua pero allí nada salió. Él murió quemado estirado en la cama, ella; ya solo era cenizas en el salón.

martes, 13 de abril de 2010

CXVI La M de Metro.


No hay nada más pérfido que los trenes del metro. Las gentes se amontonan y se miran, es un juego de asientos y de roces involuntarios, de chicas que acechan a chicos que las acechan.
En esas miradas secretas he visto todo el deseo del hombre. Las ventanas son tableros de reojos y reflejos. Las estaciones quiebran esas historias mudas y en cada pasajero que baja hay una ruptura eterna capaz de herir al corazón más fuerte.

domingo, 11 de abril de 2010

CXV Obsesiones.


El día anterior se había acostado tarde babeando todos sus apuntes. A la hora siguiente se levantó pronto, aún era de noche, la cama seguía hecha. El frío se le había subido a la cabeza. Volvió a estudiar y estudiar y estudiar, se volvió a quedar dormida, la tinta se corría. El frío la volvió a despertar, secó sus apuntes arrugados y se puso de nuevo, los ojos hinchados, continuó repasando algo que ya se sabía y otro tema que también, volvió a caer, dormía profundamente. De repente el flexo encendido cayó sobre su pelo, esta vez el calor fue el que la despertó, se hizo la remolona, que calorcito, que agustito estaba, de repente nerviosa se desveló. Las 11:30. Tarde, muy tarde, demasiado tarde. La convocatoria era a las 10:00. Y se quedó calva.

sábado, 10 de abril de 2010

CXIII Bajos vuelos.


Era un momento impreciso el dia que empezó a nevar hacia arriba. La gente se sorprendió porque sus sombreros seguían cayendo hacia abajo y, cuando lloraban, seguían formándose estalagtitas y no estalagmitas.

El cielo, no tan infinito, se fue poco a poco cubriendo de nieve y pronto un ancho manto pálido cubrió al sol y a las nubes. La nieve se amontonó y amontonó, y cada vez más profunda fue formando un techo cada vez más bajo.

Un día los hombres dejaron de ir en avión, de subir a las montañas, de construir edificios altos, y empezaron a caminar con los brazos alzados, rozando con la yema de los dedos el frío límite del cielo sobre sus cabezas.

jueves, 8 de abril de 2010

CXII La dura ley.


Fui a comprar el pan, salí de la panadería. Una mujer policía apuntaba en su agenda electrónica la matrícula de un coche bien aparcado en doble fila. De pronto, un hombre de mediana edad salió de mi mismo pan.
-Pero muchacha, anda, si estaba comprando pan, ha sido un segundo. ¡Venga anda, que te invito a un café!
-Con que me quite el vehículo me conformo. Respondió ella entre sonrisas y reojos.
El hombre se subió al coche y se alejó y al doblar la primera esquina a ella de repente se le cayeron los dos botones que tenía en la cara mostrando sus dos preciosos ojos.

martes, 6 de abril de 2010

CXI Sin más ni menos.


La última vez cenamos mirando el plato, nos desnudamos usando sólo una mano, hicimos el amor a la antigua, arreglamos la cama al terminar.

- ¿Ya está?
- Ya está.

Respiramos aliviados, y nos separamos.

lunes, 5 de abril de 2010

CX Sin más.


Se encalló la rueda donde el hámster se pasaba horas y horas rodando, mi abuela que vive sola, no se fijó. Cada día, día tras día, como siempre, le seguía dando de comer, de repente la jaula se rompió, mi abuela escuchó un fuerte estruendo. Atravesó el salón, cruzó el pasillo y al llegar a la cocina, el hámster, de un solo bocado, se la comió.