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jueves, 9 de octubre de 2008

XXXI Condenada. Condenados.


El texto era sencillo; la puesta en escena bastante más complicada. La función tenía que comenzar. Nerviosa y tiritando se subió al escenario, obra corta pero estrecha e intensa. Entonces lo dijo y todo acabó. Ni un solo aplauso, solo gritos en silencio de indiferencia, más tarde malas caras y finalmente brisa pesada bajo sus ojos, también bajo los suyos, mar de recuerdos, todos buenos en aquel momento. Muchos años ya entrelazados, difícil mezcla, él era débil, ella se hacía la fuerte. Él la quería, ella no se atrevía, aunque su cabeza pasada la anestesia del momento la persiguiera y le dijera:
- Esto no puede continuar, déjalo, es lo mejor para de nuevo poder comenzar.
Y allí siguieron y allí seguían y allí, felices o no, por siempre atados, que no juntos, seguirán.
Esa misma obra pero en diferente día de función volvió a repetirse una y mil veces más, provocando el mismo resultado:
Gritos en silencio de indiferencia, más tarde malas caras, finalmente brisa pesada bajo sus ojos y la frase de siempre:
- Cambiaré Cariño, no lo haré nunca más.

lunes, 29 de septiembre de 2008

XXVIII Propinas por amar.


Utilizar el sexo para consolar los dolores del corazón, es dar besos vacíos, es como abrazar una nube. A menudo un amor perdido nos deja tal vacío, que intentamos llenarlo entre las piernas de la inmediatez, y entre las sábanas de lo anónimo. El ayer se cura con el hoy, y no engañando al olvido con suspiros de placer... .
Hoy quiero enseñar a mi soledad a vivir sin esperar, propinas por amar. Hay tanto de mí que quiere llorar. Pero mis llantos vendí, entre las piernas de un bar y cada noche a mi amor conduzco al olvido hacia un colchón y aparco besos sin calor en un cuerpo, ceno con mi dolor, desayuno mi compasión y engaño al olvido, ¡mi amor!, con un cuerpo.
Hoy me visitó aquel que un día fui, y el espejo me contó:" que la tristeza no es el fin. La ironía es la tristeza que, al no saber llorar, sonríe cuando quiere hablar. Y sí la vida nos da otra oportunidad, volveré a hacer el amor.

viernes, 14 de marzo de 2008

XX Intenté definir el Amor...


Que te diría...


A medio pulmón hay cosas que te debo, alguna canción, un corte de pelo, un baño de espuma y echarte más de menos. Si vuelvo a nacer, te busco sin duda, detrás de la luna del amanecer, donde te desnudas, donde tengo las de perder.Y esque viniste de un bosque lejano, perdido en mil y un senderos, has bailado con toros lidiados y has recogido todo del suelo. Has llovido desde nubes amarillas y has dormido en las alcantarillas. Has sido entretenedora de cuerdos y has perdido en mi reloj tu tiempo. Hoy quiero vivir de nuevo en tu reloj que es el que señala mi tiempo. Hoy quiero pintar de nuevo tus labios que son los que sangran mi pecho. Hoy quiero escribir de nuevo en tu papel que es donde viven mis sueños.

Gracias de verdad, por todo este tiempo de cuentos, fantasía y felicidad...Gracias por creer, saber y sostenerme. Gracias por ser tan buena, tan verdadera. Gracias por apostarte la vida por mí.

Pensarás que tengo el tiempo justo, pero en realidad tengo todo el tiempo del mundo.

viernes, 8 de febrero de 2008

V Historia de un hombre y una mujer.


Gritaba constante,
le miraba sin querer,
ya no le tocaba,
dormía al revés.

El hombre aguantaba,
pidiéndola renacer,
a lo que la mujer contestaba,
no me pasa nada; estoy bien.

El amor se acababa,
todo caía de pie,
la mujer se planteaba
la vida sin él.

Su hombre, el de siempre,
dispuesto a perder,
un día enfadado,
juro desvencer.

Erguido cogió la puerta
prometiendo nunca jamás volver.
Él, antes re-querido
y al que ahora pensaba no querer,
se había marchado,
dejándola sola y libre
como ella pretender.
Pasaron los días…


Comenzaba a amanecer,
tumbada en su cama,
sin ganas de nada,
se encontraba la mujer,
despeinada y sola,
clamando placer, cariño, un abrazo…
lloraba otra vez.

Arrepentida, como un bebé,
le llamó y llamó y llamó,
horas, días, meses, años
solo llamadas perdidas pa’ él.

Ya mucho daño había hecho
ya no quedaba más por hacer,
las oportunidades se cogen
no se dejan fallecer.

El hombre la quiso por siempre
la mujer también,
ya no volvieron a encontrarse
no se volvieron a ver.

Sin saberlo,
ninguno rehizo su vida,
se quisieron demasiado
para poder volver a querer.

jueves, 7 de febrero de 2008

III Carretera y amor.


Noviembre negro en las carreteras españolas, más de 30 muertos este fin de semana, la dirección general de tráfico intensifica los controles…
La radio sonaba, dicha noticia me pilló conduciendo mi bestia. Así era como Paco llamaba a su camión. Un camión de diseño, con todo lujo de detalles, lleno de fotografías de su familia, pósters, algún que otro muñeco, incluso espumillones. Todo ello le daba fuerzas para continuar ese camino infinito.

Paco, era un camionero de esos de catálogo; gran barriga, barba medio afeitada, palillo en la boca y descamisada camisa rota. Por aquel entonces cubría la ruta entre Zaragoza y Madrid. Prestaba sus servicios al transporte de una empresa de electrodomésticos. Llevaba ya más de 39 años conduciendo su camión.

Su familia, que no él, residía en un pequeño pueblo a las afueras de Teruel. Apenas los veía, su trabajo no se lo permitía. Su mujer era ama de casa, sus 2 hijos trabajaban en la construcción y era él, quien llevaba el dinero a casa.
Todos los días llamaba infinidad de veces a su mujer, era su más fiel apoyo, incluso estando siempre tan lejos, aún la quería como el primer día.

Solamente le quedaban tres meses para jubilarse; esperaba ansioso ese momento. Poder entrar a su hogar y poder por fin instalarse con ella por siempre, era su mayor sueño.

Ya era viernes, su último día, sus últimas horas, Paco volvía para casa con un regalo para su mujer, un gran peluche que había comprado en una de las áreas de servicio donde él paraba a repostar. Había sido toda una vida dedicada al camión, una vida dura y exigente, el descanso era más que merecido y llegaba en el mejor momento. Era temprano, su mujer no lo esperaría tan pronto. Ya empezaba a imaginársela dormidita en su cama como un bebé. Estaba nervioso, pero ansioso por verla.

Allí estaba su casa. Abrió la puerta sigiloso, pegó un gran grito de bienvenida, corrió hasta su habitación, abrió fuertemente los ojos, sorprendido los cerró, los volvió a abrir, dio un paso atrás y llorando cabizbajo abandono la habitación.

Mas tarde se enteró como se llamaba él, llevaban ya un año y medio de relación.

Lo que no había podido conseguir la carretera en 39 años, lo acababa de conseguir en un instante su ya, ex mujer.