Me compraste muy frágil, me abriste defectuoso, apagado, sin
batería y pese a la infinidad de fallos de fábrica no me devolviste, nada
reclamaste, conmigo te quedaste. Me limpiaste, me arreglaste, me cuidaste, me
cargaste de energía, me hiciste fuerte, me enseñaste a confiar sin miedos, a
querer en libertad, a compartir sin nada esperar cediéndome tu motor, todas tus
baterías, todo tu corazón. Tus manos fueron las mías, tu poder mi admiración,
tu simpatía y alegría, mi elección. Mis carencias se suplieron con tus virtudes
y fue en ese preciso momento cuando se produjo la fusión, los dos fuimos uno y
de ahí nuestro primer vástago varón. Y este no nació ni muy frágil, ni
defectuoso, ni sin batería; este niño eres toda tú con mi carcasa. Este niño es
un guapísimo torito ganador.lunes, 2 de junio de 2014
CLXXXIV Gracias.
Me compraste muy frágil, me abriste defectuoso, apagado, sin
batería y pese a la infinidad de fallos de fábrica no me devolviste, nada
reclamaste, conmigo te quedaste. Me limpiaste, me arreglaste, me cuidaste, me
cargaste de energía, me hiciste fuerte, me enseñaste a confiar sin miedos, a
querer en libertad, a compartir sin nada esperar cediéndome tu motor, todas tus
baterías, todo tu corazón. Tus manos fueron las mías, tu poder mi admiración,
tu simpatía y alegría, mi elección. Mis carencias se suplieron con tus virtudes
y fue en ese preciso momento cuando se produjo la fusión, los dos fuimos uno y
de ahí nuestro primer vástago varón. Y este no nació ni muy frágil, ni
defectuoso, ni sin batería; este niño eres toda tú con mi carcasa. Este niño es
un guapísimo torito ganador.CLXXXIII Un día cualquiera.
Aquel día se levantó con el pie izquierdo, era martes trece
de un día lluvioso de abril. Amenazaba tormenta, antes de salir abrió ese viejo
paraguas en casa para comprobar que no estaba roto con tal mala suerte que al
abrirlo hizo pedazos el espejo del baño. Recogió todo del suelo y se hizo el
desayuno, derramó la sal de las tostadas y se vistió de amarillo. Salió a la
calle, pasó por debajo de la escalera de un electricista, se le calló un piano
a escasos metros y se le cruzó un gato negro. Entró a una casa de apuestas y
compró un cupón de los ciegos. Esa misma noche le tocó el premio.
CLXXXII Amor carcomido.
La semana pasada estábamos trabajando el tema de Sociales de
“Nuestro pasado reciente” con lo que yo les dije a mis alumnos que preguntaran
a sus abuelos o bisabuelos sobre cómo era la vida antes y que si podían,
trajeran alguna foto antigua, así la comentaríamos entre todos en clase.
A todo esto, Brisa, una niña de 8 años, nos trajo unas
cuantas fotos, las fuimos comentando hasta llegar a una, con el papel bastante
carcomido por el tiempo, en la cual salían fotografiados sus bisabuelos uno al
lado del otro, tranquilos y felices. Al mirar y remirar aquella imagen algo en
el reverso de la foto me llamó la atención... algo allí se escribía y conseguí a
duras penas leerlo:
“Recuerdo cuando éramos jóvenes. ¡Qué tiempos aquellos! ¿Los
recuerdas?, salíamos, entrábamos, reíamos, nos divertíamos… en una sola palabra;
vivíamos aunque no comíamos, el motivo no era nuestro amor, sino que no
teníamos. Ahora ya todo acabó. No salimos, no entramos, no reímos, no bailamos,
en resumen; no vivimos. Ahora bien, comemos y reñimos.”
jueves, 29 de mayo de 2014
CLXXXI La aldea.
La maleza desdibujaba el camino de entrada a la aldea, las
amapolas con sus vientos se avisaban del quejido de mis botas sobre el suelo.
Los pedazos medievales de bandera del castillo me indicaban la dirección de caída
de sudor del sufrimiento. Las mesas y sillas carcomidas por el tiempo, sugerían
restos de alegría en algún momento. La obediencia de sus calles, todas rectas,
mostraban el orden del que un día gozó el pueblo.
Mi caminar proseguía ahora por un terreno escarpado, la
pendiente descendiente era pronunciada, bajaba un río pero no sus aguas, las
aguas, pese al desnivel, permanecían quietas e inmóviles. Me quedé asombrado.
Es como si el tiempo se hubiera detenido. De repente un sonido ensordecedor golpeó
mi tímpano, todo el pueblo con su paisaje, entonces, poco a poco empezó a
volcar. Nada se movía, nada de despeñaba, tampoco las piedras, ni el agua, ni
el ladrido mudo del perro, solo yo, que caí hacia el infinito de los cielos.
martes, 21 de enero de 2014
CLXXX Tu bar, mi bar.
Abrí este bar con estilo y lo logré, conseguí que fuera
glamuroso, pero el bar eres tú, mi querido amigo.
Antes de que tú llegaras los
clientes, mis clientes, me pedían bajito y con mucha educación, las conversaciones
intelectuales se mezclaban con silencios aún más sabios, en los baños se tiraba
de la cadena y la gente se lavaba las manos al acabar, permanecían impecables
durante toda la jornada. Jamás de oía un grito ni una palabra malsonante…
Hoy, el paragüero que tantos paraguas de diseño almacenó se
ha convertido en papelera de servilletas de papel, el suelo es un palillero de salivas
y serrín. Los gritos y borracheras inundan el ambiente. El fútbol es la ley. Pero
lo peor de todo es que no puedo echarte pues desde que tú llegaste todos mis clientes se
han ido convirtiendo y son todos como tú, desgraciado, curruqui asqueroso.
CLXXIX Asalto.
Decidí asaltar tu boca, sin cuerdas y a lo loco, pero apenas
pude acercarme pues se cerró herméticamente al sentirse amenazada. Estuve días
merodeando la zona pensando en la manera de esconderme, de colarme, de cómo
colocarme… Me armé de valor pero cuando ya estuve a punto de coronar la cumbre
de tus dientes, tu voz, cual avalancha, me empujó al vacío. Exhausto y dolorido
me arrodillé en tu labio y te miré, después de meses intentándolo me había
rendido, lentamente me levanté y me di la vuelta y cuando ya estuve a punto de
marcharme definitivamente, tu lengua me tendió un puente sobre la cordillera de
tus dientes, caminé por ella y por fin me bañé sin ropa en tu pantano de saliva.
lunes, 16 de diciembre de 2013
CLXXVII ¿Éxito?
El aclamado y exitoso empresario adinerado decidió
colocarse una cámara de video secreta en la espalda para observar su don de
gentes desde otro punto de vista.
Tras visualizar el video después de su jornada laboral…
Una semana después dejaba su trabajo.
Un mes después le dejaba la mujer.
Un año después le comían las deudas.
Hoy, es un indigente.
¡POR DELANTE Y POR DETRÁS, TRIS TRAS!
CLXXVI Aves de paso.
Cada vez me doy más cuenta de lo que significamos para el
resto, conocemos a cientos de personas, cientos
de pájaros que se posan en tu vida y el día menos pensado vuelan y te abandonan.
Gente que solo se aprovecha, gente que solo te pone buena cara y gente que ni
eso. Porque he aprendido que nadie te reconoce el trabajo bien hecho y no tan
solo eso, sino que hay gente que hasta le jode tu éxito, he aprendido a
trabajar bien porque a mí me reconforta, nada más. La gente es muy egoísta e
individualista. Yo antes lo pasaba mal, ahora ya me he cansado. Ya me he
cansado de abrir los brazos cuales ramas para que los demás se posen, ahora me
he convertido en ave de paso, liderando a todo el grupo de de pájaros y
pajarracos que andan sueltos. La picaresca de mi pico siempre me acompaña, mi
visión periférica me ayuda a observar y analizar cada comportamiento desde las
alturas, he aprendido a no involucrarme demasiado, a pasar desapercibido
enterándome de todo y cuando alguna, rara vez, me encuentro con alguien que vale
la pena no dudo en subirle a mi lomo y volar, colmándole de alegría y esperanza
y aunque el vuelo normalmente dure poco, el tiempo vivido es tan intenso que el
recuerdo lo torna eterno y dura poco porque yo ya no me poso con nadie,
continúo mi camino. Eso sí, cada día después de volar vuelvo a mi nido con mi
familia, allí me relajo, allí me quito el disfraz de pájaro y me convierto en
lo que soy, sin defensas ni escudos, tal cual soy, o intento ser… el mejor
padre y un mejor marido.
CLXXV Vuelos.
Engancharon del pie de un independentista radical un gran
globo rojo de helio, poco a poco subía y subía, sus gritos de independencia
cada vez se escuchaban más a lo lejos.
Unos meses más tarde,
tras su viaje, regresaba caminando feliz, tranquilo y contento con el mismo
globo rojo, mucho más pequeño, cogido de su muñeca, en el cual se leía solo una
palabra: VIAJAD.
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